Manifiesto


En el año 2013, entre órdenes de desalojo al tambo La Resistencia y el proceso de afiliación para conformación del Partido para la Ciudad Futura, tomamos una decisión. (Re) construir un espacio en el corazón de Rosario, un lugar para la cultura, el arte y el encuentro. El ex Cine Gardel era el espacio físico, y la sala cultural Mano a Mano era el proyecto autogestivo que necesitaba de organizarse más para no desaparecer. En ese cruce entre el Movimiento Giros, el incipiente Ciudad Futura y Mano a Mano, nació el D7. El distrito que le faltaba a la ciudad, el de la resistencia cultural. Resistir a la especulación inmobiliaria, que solo destruye y reconstruye según su lógica de mercado. Resistir a la lógica de “la noche”, muchas veces más cercana al delito y las mafias que a la construcción de cultura. Resistir a las políticas culturales que solo se limitan a controlar y penalizar, mientras en la ciudad lxs artistas deben pagar para hacer arte. Resistir, pero no de cualquier manera, sino construyendo otro modelo de gestión de la cultura que se pueda ver, tocar, disfrutar.

Hoy, 5 años después de aquella apuesta, nos refundamos. Porque conseguimos mucho de lo que soñamos. Porque hemos logrado crear una forma de hacer y producir cultura en Rosario. No es la única ni la mejor, pero sí una que marcó la ciudad y de la que estamos orgullosos. Porque logramos recuperar un espacio que el mercado condenaba a destino de edificio o estacionamiento.

Porque ya no somos lxs mismxs de siempre”. Somos más y diferentes de los que arrancamos. Porque, tal vez a contramano del momento histórico, de la resistencia hicimos nacer una fábrica cultural.

Los 7 principios del D7

¿Por qué principios? Porque necesitamos un punto de partida, algunas coordenadas para orientar nuestra práctica. Porque nada de lo que hicimos ni hacemos son cosas acabadas. Todos los aprendizajes, las cosas que creemos saber hasta el momento, son eso: un momento de un proceso que sistematizamos para convertirlo en herramientas que nos permitan seguir. Por eso son principios y no finales, ni cierres.

  1. Trabajamos con lo más intangible y a su vez lo más valioso de una sociedad: la cultura. Nunca entendida como algo lejano ni perteneciente a una elite. La cultura es eso que nos hace ser quienes somos: es nuestra forma de ser, nuestras costumbres, nuestras pasiones y desilusiones. Nuestros amores y odios. Y en consecuencia es diversa, múltiple, abierta.
  2. La cultura no puede ser nunca una mera mercancía o únicamente un objeto de lucro. No estamos acá para “hacer plata” con la música, el teatro, la danza o lo que fuese. Estamos acá para que la cultura se multiplique. Para re-crearla a cada paso. Y reconocemos que el camino implica enfrentar aquellas lógicas y fuerzas que buscan convertirlo todo en un objeto de rentabilidad.
  3. Reconocemos a los y las artistas como trabajadorxs de la cultura, y por ende es necesario brindarle herramientas para desarrollarse dignamente. De la misma forma no tenemos solo “clientes”, sino un público que toma y re-interpreta, generando un círculo virtuoso de cultura junto al artista y su obra.
  4. Encontramos en la forma de “cooperativa de trabajo” y sus valores la mejor forma de organizarnos para nuestra tarea, reconociéndonos a cada uno de nosotrxs como trabajadorxs. Ayuda mutua, responsabilidad, democracia, justicia, equidad, solidaridad, honestidad, transparencia, esfuerzo e iniciativa, no son simples palabras para repetir y quedar bien. Son principios fundamentales sobre los que actuamos y llevamos adelante nuestra práctica cotidiana. El hecho de trabajar sin patrón nos pone ante el desafío y la responsabilidad constante y cotidiana de ser nuestros propixs jefxs. No transformarse en uno de ellos, ni poner a nuestrxs compañerxs en esa situación, es responsabilidad de todas y todos los asociados. Así mismo la inexistencia de la figura de “patrón” no invalida las diversas niveles e instancias de responsabilidad en la cooperativa.
  5. Entendemos a los alimentos como parte fundamental de nuestra cultura. Es por eso que para el desarrollo de nuestros platos apostamos a materias primas elaboradas bajo nuevas experiencias de producción que no son agresivas con el ambiente, que construyen relaciones sociales de nuevo tipo que dignifican a lxs trabajadorxs y que apuestan a construir otro tipo de mercado. Es por eso que apostamos a tener como proveedores a otras cooperativas de trabajo y productores locales y de la zona.
  6. “A cada quien según su trabajo, a cada quien según su conocimiento”, es el criterio de equidad y justicia para las discusiones sobre la valoración de nuestro trabajo y su retribución. La amplia diversidad de tareas que desarrollamos en el D7 nos pone ante el desafío de poder reflexionarlas y valorarlas colectivamente.
  7. El D7 se funda y desarrolla como parte de Ciudad Futura. Somos unas de las tantas experiencias de este movimiento que se enmarcan dentro de lo que llamamos “Gestión Social”: Proyectos que no son ni iniciativas privadas, ni tampoco estatales, y se preguntan por la gestión de “lo común” lo que es “de todos”. Esta situación no convierte a todxs lxs asociadxs de la cooperativa en militantes del movimiento, ni tampoco es una condición para formar parte. A su vez el D7 mantiene grados de autonomía relativa respecto del partido, sobre todo en una dimensión fundamental como la económica. Creemos profundamente en la política como herramienta de transformación de la sociedad. Creemos en la buena política, en la que se hace desde el corazón y la pasión. La que pone el bien común por sobre el individual. Y somos un producto de ello.

Descargar PDF